Roma

miss manolos

“¡Marcelo, ven aquí! ¡Date prisa!”. Anita Ekberg (Sylvia) desde la Fontana di Trevi a Marcello Mastroianni (Marcello), en La Dolce Vita.

A veces las frases tienen sentido en sí mismas, pero otras, si la sacas del contexto de la película pierde todo significado. Pero sólo con la reseña que os he dado, apostaría que os habéis trasladado a ese hermoso baño nocturno plagado de erotismo frenético.

Una amiga y yo oímos el grito salvaje de Anita, hace unos años, para que nos uniéramos a su locura, y bendita locura!. Con poco dinero y muchas ganas nos fuimos a experimentar eso de la dolce vita.

Resulta, que este viaje, lo soñé antes de ir, caminaba por las calles, los monumentos, las comidas… Y es que quién no ha imaginado recorrer sus calles, cómo fueron hace unos siglos, la ciudad de los emperadores, una ciudad que fue la capital del mundo y nos sigue sorprendiendo por su belleza, la ciudad eterna.

Durante el día nos dejábamos llevar entre los lugares abarrotados de turistas, pero era por la noche cuando volvíamos, cuando el silencio lo envolvía todo. Era impensable ver la Fontana sola, iluminada, y escuchar sólo el caer del agua. Si no hubiera sido por las gélidas temperaturas hubiese acabado donde los carabinieri, empapada y hablando italiano. Eso si que era soñar. Y la escalinata de la Piazza di Espagna, la vida que la impregna durante el día, con todo el mundo comiendo helado a la vez, como manda la tradición, de noche era como la lengua de un animal descansando después del atracón. Entonces si que puedes contemplarla, subir, pararte y sentarte en la terraza de un pequeño hotel que está situado justo arriba, a saborear una sabrosísima botella de Lambrusco, o dos.

Roma es la fe materializada para los creyentes, la Atlántida para los amantes del arte, por lo que esconderán aún sus cimientos, para los fashionistas es La Meca a la que se debería peregrinar al menos una vez en la vida. Recorrer la Vía Condotti y aledaños es casi comparable a la Capilla Sixtina, sin ánimos de ofender a nadie, pero si hay cielo quiero que se parezca al escaparate de Louis Vuitton. Grandes jaulas doradas guardan sus bolsos y grandes guardaespaldas la tienda.

Roma es muchos más que los grandes monumentos que la consagran. El Coliseo, Panteón de Agripa, Piazza del Popolo, la Ciudad del Vaticano, Foro Romano o Piazza Navona, con su forma ovalada y abarrotada de arte. Qué delicia de café!, a 5 € claro.

Nunca habia imaginado el barrio del Trastevere tal como lo descubrimos. Situado al otro lado del río Tíber, tiene implícita la esencia de que todos los lugares cumplen varias funciones. Podiamos ver como en una librería te invitaban a café y había sillones para ojear sus libros, o a la vez que visitabas una exposición, comías y escuchabas a un grupo nobel en directo. Cuanta belleza visual, sonora y olfativa. Una delicia para los sentidos.

Es en el viaje de vuelta, cuando miras por la ventana, y haces balance de lo vivido allí abajo, como si te montaras en un coche en mitad de la noche y quisieses recorrer a toda prisa la ciudad para absorberle el alma; el paréntesis se cierra,  y oímos el rugido del motor anunciándonos  la vuelta a casa, escoltadas por una monja, a la que se le antojó mas cerca del Altísimo que de costumbre y rezó todo el trayecto. Es entonces cuando nos miramos, cómplices de todo lo ocurrido y nos entregamos al sueño de placeres mas terrenales.

Pronto más.

¿Y vosotras, os habéis entregado alguna vez a la dolce vita? ;)

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