Maltrato machista y ética sintomática

Desde estas líneas confesamos nuestro interés por la abstracción artística y hacia los caóticos movimientos bursátiles. Y creemos que la complejidad expositiva, lejos siempre de una primera lectura fácil, nos da una imagen rica tras su comprensión.
Pero  nos enseña lo complejo es la necesaria identificación con patrones conocidos para su comprensión; para su dominio es necesario el límite. Límite éste que aunque pueda atender a alguna estrategia, y por lo tanto se le pueda achacar a la razón, es arbitrario e autoimpuesto: está en nosotros.
Todo lo anterior nos servirá en este texto que llamaremos
 Maltrato machista y ética sintomática

Son muchas las consideraciones que se hacen sobre esta lacra; y que se hacen desde el respeto hacia el individuo en cuanto su carácter único y por lo tanto imprevisible, complejo y libre. Por lo tanto las actuaciones tienen un carácter paliativo y algo preventivo: una vez que el maltratador actúa se define asimismo, y así es denunciado (o debería  hacerse) iniciándose una serie de mecanismos defensores de la víctima.  También todo un conjunto de mensajes sociales, concienciación que no deja de ser actuación sobre el problema.
Sin embargo parece que hay una relación directa entre la violencia ejercida, la vinculación agresiva y emotiva entre victima y agresor, y  la claridad punitiva. Y todo esto hace que las actuaciones paliativas parezcan tardías y pusilánimes. Aunque no se deje de alabar las actuaciones y el esfuerzo  social, político y judírico parece que la concienciación  social necesita algo más de concreción para afrontar lo que la diversidad humana difumina.
 Podríamos crear un hipotético síndrome psicológico para  clarificar la situación y llamarlo el síndrome del doctor Don José en memoria del ilustre médico que ejerció hace algunas décadas en Bonares. Y juzgaríamos todo acto de maltrato como posible indicio de citado síndrome que para empezar daremos un dato que nos parece importante: este síndrome es incurable y el paciente no reconoce que tenga ningún problema. Con la desesperanza de su cambio de actitud, ante un número alto de coincidencias con los síntomas que describiremos servirían para alertar a la victima y se alejara lo antes posible antes de que se produjera una mayor vinculación con el agresor.
Pero acerquémonos a aspectos concretos. Sabemos que estamos en una sociedad individualista, que justifica actitudes poco sociables aun con el riesgo de parecer egoísta, pero, ¿hasta qué punto?, ¿en qué grado se acepta en la pareja?
Imaginemos una situación conyugal habitual de desencuentro que ha de ser resuelta. Se puede resolver buscando puntos de encuentro en el conflicto. Pero como se sabe, suele suceder que una de las partes no quiera ceder nada sin importarle el perjuicio a la otra parte. Si situaciones como ésta se repitieran la parte perjudicada debería plantear (¿como no?) como  egoísta a su pareja. Un egoísmo que se podría justificar como resultado de la sociedad en que vivimos, o que la pareja tiene cierta ceguera para comprender tu situación pero que con el tiempo cambiará, que es impulsivo y esto le impide ver las situaciones con más profundidad, y que a su vez le lleva a mentir y manipular con cierta facilidad, a veces con una torpeza que le hace previsible.
Si a todo esto le añade cierta falta de control de la conducta incluso nos recordaría a un niño, pero con la agresividad, determinación y necesidades de un adulto.
Por lo tanto, como respuesta a un número consecutivo de pequeños conflictos que se resuelven de forma muy favorable para una de las partes se debería actuar con un especial esfuerzo en ser ecuánime, dialogador y algo generoso en las siguientes ocasiones como prueba del nivel de piedad, y de empatía, de la pareja que se impone. Y ante la falta de sensibilidad para colocarse en tu lugar podríamos sospechar de indicios del grave e incurable síndrome del doctor Don José.
También la mentira y la manipulación no tendría que pasar desapercibido, así como justificaciones de hechos poco éticos desde momentos iniciales de la pareja; si los intentos de corrección y explicación no son atendidos o se acumulan situaciones adversas para la pareja  junto con señales de egoísmo y manipulación es importante poner un límite a esta situación. Un límite que como se mencionó al principio difícilmente será científico o exacto pero que, toda la arbitrariedad del límite que se ponga de la posible victima será estable, válido o aceptado si se basa en un reconocimiento y cuidado en la propia actuación en un tiempo de prueba. Como por ejemplo que no se entre en reproches gratuitos y que provocan conflictos, no se atienda a la provocación, ser generoso en los conflictos aun sin ser correspondido, ser más atento, comentar con respecto a la pareja aquello que incomoda, valorar los avances de tu pareja y decírselo, etc. Ante este esfuerzo la pareja egoísta debería corresponder en buena medida, y modificar la conducta. Y si no resulta suficiente se debería abandonarla antes de que la vinculación no sea más fuerte. A fin de cuentas el síndrome del Doctor Don José no tiene solución y son mucho los riesgos que se corren.
Y por todo esto es muy importante en la consideración de síndrome puesto que es un conjunto de síntomas lo que tenemos que atajar pero ¿llamaremos egoísmo, manipulación y mentiras síntomas de un mal? ¿Es la bondad un anticuerpo? ¿Ética sintomática? Parecería que hemos llegado muy lejos con la hipótesis del síndrome del Doctor Don José, y que a fin de cuentas estamos basándonos en algo ficticio para elaborar una estrategia contra el maltrato, la ciencia tiene bases ciertas y trabajar con una hipótesis de visos psiquiátricos o psicológicos tendría los pies de barro ante la sociedad.
Para presentar nuestra hipótesis nos hemos basado en la presencia en un número importante de casos de maltrato de un trastorno de la personalidad: el 25 % de los casos son psicópatas según T. Newlove, S. Hart y D. Dutton, Psyhopathy and Family Violence, manuscrito inedito.Facultad de Psicología, University of British Columbia, Vancouver, Canadá, 1992.
Pero planteando los síntomas  que presentan este porcentaje como algo inasumible para la sociedad, y reuniéndolos en un síndrome logramos  abarcar al 75 % restante  en conceptos éticos como egoísmo, mentira y manipulación, sobre todo el primero tan presente en el machismo.  Además la consideración de síndrome logra salvar el difícil diagnóstico del psicópata que solo con ayuda del psicólogo especialista se puede obtener: solo nos interesa saber que nuestra pareja no presenta un cuadro de indicios  ético-patológicos incompatibles con una equilibrada convivencia conyugal, y que si tras presentarle una conducta propia intachable y atenta no resulta correspondida, plantear la irresolución del problema. Aunque esto lo desarrollaremos próximamente.
Pero ¿Qué diría un psicópata que convive en la sociedad sin denliquir pero haciendo daño a algunas personas de su entorno, si al final se le diagnostica  su patología?
Con probabilidad algo así:
– ‘Me decís que soy un psicópata maltratador, que soy incapaz de poner en el lugar de otra persona, incapaz de imaginar, y sentir el sufrimiento ajeno… Creo que la sociedad es fría y solo soy un ciudadano más… Pero en cuanto a lo de la empatía… es cierto que me hubiera gustado al golpearla sentir su dolor…’
Notas:
  • No hay nada fascinante en un psicópata o sociopata: son un problema.
  • Aunque se apunte desde estas líneas la necesidad de que la víctima sea más atenta y exigente con la conducta de su pareja, la falta de observación de esta sugerencia ni otras le da menos valor a su condición de víctima.

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