LA COLUMNA DE JUAN BOT

Héroes en Bonares

 

El concepto de héroe ha ido evolucionando con la sociedad y la narrativa, pero se podría destacar dos modelos. El modelo clásico, tal como lo pensó Aristóteles, surge de una trama trágica que narra la caída de un hombre noble en la desgracia tras un cambio de fortuna. En el modelo romántico, en cambio, el héroe se revela no por efecto de un cambio de fortuna llevado por fuerzas que están más allá de sus propias cualidades y lo determinan sino a consecuencia de su propia acción titánica, un desafío prometeico resuelto, una temeridad o una audacia que sobrepasa las circunstancias: en definitiva, una proeza que lo hace inmortal. Pero ante la ausencia de drama en la vida diaria la excepcionalidad de lo heroico se corresponde a su nivel de realidad: el conflicto entre lo excepcional y lo humano en el caso de Bonares se resuelve en lo cotidiano.

Quizás haya una necesidad de reconocer una heroicidad cotidiana, puesto que el yo confundido en un nosotros es la base del fenómeno heroico, que se pone de manifiesto ante el riesgo de tu propia unidad al darse integrado en lo social, en un nosotros. Ante el drama de la perdida de identidad en la muerte se realza la atención en el yo, en esa situación de máxima conciencia del yo producida por el riego recibe como una revelación el encuentro con el otro liberador y que expone su yo en eras del nosotros. Por lo tanto se puede y se debe extrapolar en la actuación ciudadana, quedando lo heroico como una luz de lo ejemplar, a pesar de la falta de inmediatez de la revelación.

Corrían los años ochenta en Bonares y al igual que en otros lugares se gestaba, unido a un desarrollo cultural, el drama de la droga. Ahora se conoce que, aparte de otras medidas, la práctica deportiva ayuda a la prevención, pero en aquellos no estaba tan claro. Por aquel entonces Antonio Yañez y Agustín Carrasco ofrecían a todos los jóvenes de Bonares desde el colegio una posibilidad de desarrollo deportivo. Por lo tanto es evidente el valor de esta acción por su magnitud e inmediatez: todos los jóvenes pasan por el colegio y desde allí se ofrecía una actividad que ellos no le daban un valor estrictamente competitivo si no deportivo, con su componente humano. Y además se podría decir que contribuyeron al descenso de la droga en esas generaciones.

Ya tenemos el peligro, el encuentro altruista con los demás y la revelación que supone una opción en el destino de los jóvenes. Pero lo heroico está unido al relato de la gesta, que parece no estar en consonancia con el relato costumbrista. Falta el drama, un nudo, la tensión argumental. Además ni tan siquiera este texto tiene un componente revelador en si: ya tiene reconocimiento público al poner al polideportivo sus nombres. Una actuación de los protagonistas y del las autoridades modélica.

Se pone aquí de manifiesto el componente distorsionador del relato heroico que condiciona el valor objetivo de una gesta a la fuerza de la ficción para que sea digerida por la sociedad, quedando de relieve que en este caso en Bonares se superó está dinámica: todo para el civismo ciudadano, nada para el relato.

Y para los amantes de la ficción siempre queda la imaginación, pensemos en alguien que se salvó de caer en los estupefacientes… Ya podemos colocar un elemento ficticio y dramático: el inmenso dolor de unos padres ante su hijo drogadicto.

3 comments

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  1. Anonymous

    PUES SÍ ¡HÉROES!,por dedicar tiempo de su vida a los chavales ,por quitar ese tiempo a su novia,mujer e hijos, sin pedir nada a cambio,por educarnos a su manera,estemos hoy de acuerdo o no;son HÉROES porque la vida se vive sólo una vez y cada minuto y tiempo decicado al fomento del deporte en los chavales ha sido quitárselos a sus vidas, y tiodo altruistamente.GRACIAS POR VUESTO TROZITO DE VIDA.

  2. Anonymous

    Sí señor, héroes, porque daban sin pedir, ofrecían una salida, y llegamos a formar una "familia"; aprendimos a respetar, supimos lo que era la responsabilidad de cada cuál, aprendimos a perder..y mejor aún a ganar, aganar amigos, recuerdos, historias que llevaremos siempre dentro.Gracias a "Agu y Ñañe" (así los llamábamos)

  3. makako

    Magnifico, plas plas plas, para quitarse el sombrero, Juan. Héroes de lo cotidiano. Es verdad que han tenido su reconocimiento, pero de ahí a elevarlos al concepto de héroe es lo que me ha sorprendido.

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