José Barroso Marquez, socio de Bonafru.

José Barroso Marquez

José Barroso Marquez

Las manos callosas, la piel bronceada por el sol y marcada por los surcos de la edad son los vestigios del tiempo y el campo han dejado a José Barroso Marquez, uno de los socios más antiguos de Bonafru. Desde allá por el año 1982 plantaba fresas por primera vez junto a su cuñado, su vida ha ido paralela a la cooperativa de Bonares.

«Empezamos en el 82 y en el 83 ya estábamos en la cooperativa. Recuerdo que el primer año pusimos 200.000 pesetas cada uno que entonces era un dinero importante. La primera vez que recogimos fue el 23 de marzo y sacamos 750.000 pesetas», recuerda José.

Ahora las cosas han cambiado con respecto a aquellos primeros tiempos.»Entonces aquellos fue una aventura. Había otros cultivos y nosotros nos decimos por plantar fresas, y no nos ha ido mal», asegura.

«He pasado toda la vida en el campo y no pienso retirarme»

A sus 67 años, José ya esta jubilado y ha dejado la gestión de la finca en manos de su hijo, pero nadie le quita el placer de ir todos los días al campo. «Llevo desde los 13 años trabajando en el campo. Me he criado en él y me gusta mucho. Aunque ya no es como antes, no pienso dejar de venir nunca», afirma con rotundidad.

Nunca ha formado parte del consejo rector de la cooperativa, pero el hecho de ser uno de los socios con mayor antigüedad le ha servido para ganarse el aprecio y el respeto de sus compañeros.

Eso si, no para de repetir que no puede estar en casa sin hacer nada. «El campo tira mucho. Me entretengo todos los días con las cosas de la finca y con los olivos», explica. No lo puede evitar, el campo siempre será su vida.

FUENTE ONUBAFRUIT

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