HISTORIA DE LA PESETA IV

LA GUERRA CIVIL. DOS BANDOS, DOS PESETAS

La contienda que en 1936 entablan los partidarios del sistema establecido, la República, y los del ejército levantado en armas contra ella, también se trasladó al ámbito de la economía. El Banco de España se divide en dos, con sede primero en Madrid y luego en Valencia, Castellón y Aspe (Alicante) para los republicanos y en Burgos para los llamados nacionales. La peseta siguió siendo la moneda de curso legal para ambos pero con diferentes emisiones. Cada bando negaba la legitimidad de la peseta del rival y competía en el exterior por hacer de la suya la moneda oficial.
Mediante un Decreto Ley, los alzados contra la República obligan a quienes posean billetes anteriores a 1936 a ponerles un sello o a ingresarlos en cuentas corrientes para validarlos de cara al nuevo régimen. Los republicanos a su vez, establecen con otro Decreto la emisión de certificados de plata de 5 y 10 pesetas en forma de billetes que, lógicamente, no fueron aceptados en la España nacional.
Y mientras los contendientes obligan a la peseta a entrar en batalla, las monedas comienzan a escasear en las ciudades. Los españoles pensaban que, fuese quien fuese el ganador de la guerra, el metal de las monedas siempre tendría su valor. Así fueron desapareciendo sucesivamente las monedas de plata, las de cobre y las de bronce. Estas últimas fundidas para hacer munición.
Así que esta falta de calderilla dificultó las pequeñas compras de los ciudadanos de modo que empresas, sindicatos y ayuntamientos, entre otros, se lanzaron a la emisión de vales o monedas locales.
El propio Estado llegó a poner en circulación discos de cartón con un sello de correos pegado. Hubo emisiones de cheques, vales o billetes a cargo del Consejo de Asturias y León, bancos y cajas de ahorro del País Vasco, las autoridades de Santander, de Palencia, de Burgos, de Alicante, de Menorca, de Aragón, de Andalucía pero sobre todo, los ayuntamientos de Cataluña, donde hubo hasta 3.384 billetes diferentes.
La guerra termina con el triunfo de los militares que tres años antes se habían alzado contra la República y el gobierno del general Franco no puede dar la espalda al dinero republicano de las zonas que va conquistando si no quiere arriesgarse a una quiebra financiera que no se puede permitir. Así establece dos períodos de conversión de la peseta republicana a la nacional, que supuso la afloración de unos 3.000 millones de pesetas republicanas a las arcas del nuevo Estado.

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