HISTORIA DE LA PESETA III

DUROS SEVILLANOS

      En 1876 se decide que la plata, que afluye abundantemente, sea la moneda de curso legal forzoso obligando a la desaparición del oro. Desde finales del siglo XIX el precio de la plata había ido cayendo de tal modo que la peseta fue perdiendo valor, de manera que las 5 pesetas de valor facial en plata acabaron valiendo sólo 2 pesetas con lo que por cada duro acuñado el estado ganaba 3 pesetas. Y esto despertó la picaresca de quienes vieron la oportunidad de dar salida a tanto metal y ganar dinero de paso. Es el caso de los «duros sevillanos», exactamente iguales a los de curso legal, con 2 pesetas de plata en cada moneda de 5 pero falsos en la práctica. Al parecer su acuñación comenzó en Sevilla pero su fabricación y uso se fue extendiendo de tal manera que el gobierno de Alfonso XIII acabó por aceptar cambiarlos por duros de curso legal para poder retirarlos de la circulación.
      Como las monedas ya no valían el equivalente al metal que llevaban, se generalizó el uso de billetes, respaldados por reservas de oro y plata, y la acuñación de monedas en metales menos valiosos como el níquel. En 1925 se acuñan gran cantidad de monedas de 25 céntimos en ese metal que, por parecerse en tamaño a la de 2 pesetas en plata, fue horadada en el centro. Un agujero que se respetó en otras monedas posteriores como la de 50 céntimos de 1949 o la de 25 pesetas de 1992 que circuló hasta la llegada del euro en 2002.

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