HISTORIA DE LA PESETA II

UN POCO DE ORDEN

Por otra parte, la peseta viene a poner orden en un caos monetario, sin unidad de cuenta definida (aunque el escudo era la moneda nacional desde la reforma de Salaverría de 1864) y en el que conviven más de 90 monedas de curso legal entre peninsulares y americanas, viejas y nuevas, españolas y francesas: dineros, doblones, escudos, maravedíes, reales de vellón, libras mallorquinas y hasta sesteros de la época romana. Todas eran aceptadas como medio de pago. Así que, con una circulación de billetes aún muy escasa, el gobierno del general Serrano acomete una reacuñación de monedas que trata de poner fin a su sistemática exportación a Francia donde la plata era fundida para la fabricación de napoleones y francos franceses. En resumen, el nacimiento de la peseta logra los dos objetivos esenciales del ideario liberal del ministro Figuerola: unificar el mercado monetario nacional y facilitar el intercambio comercial con las economías europeas, sobre todo la francesa.
Pero no fue tan deprisa como se pretendía. La peseta aún tuvo que convivir dos años más no sólo con otras monedas sino incluso con pesetas de distinto valor, como las de 1864 y 1868, que tenían diferente contenido metálico.
La reforma de 1868 establece un patrón bimetálico para la circulación de la peseta con acuñaciones de 1, 2 y 5 pesetas en plata y de 10, 20, 50 y 100 pesetas en oro, además de fracciones de 20 y 50 céntimos de plata y 1, 2, 5 y 10 céntimos de bronce. Pero de todas ellas, las que más éxito tuvieron fueron las de 5 y 10 céntimos, conocidas popularmente como «perra chica» y «perra gorda». Los apodos proceden de 1870 cuando el grabador de la Casa de la Moneda Luis Plañiol trató de dibujar un león para el reverso de la moneda de 10 céntimos y le salió algo más parecido a un perro. También triunfaron entre el público los 50 céntimos ó 2 reales y la moneda de 5 pesetas que todos llamaron «duro» hasta su desaparición en 2002.

El primer papel moneda con el valor facial expresado en pesetas se emitió el 1 de julio de 1874, coincidiendo con la concesión al Banco de España del derecho en exclusividad a emitir billetes, hasta entonces compartido con otros bancos provinciales.

Y diez años más tarde, el 1 de julio de 1884, se puso en circulación el primer billete con espacio reservado para marca de agua.

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