HISTORIA DE HUELVA V

EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Si todo pueblo que se precie debe de sentirse orgulloso de su ‘pequeña historia’, localidades como Palos o Moguer y en general toda Huelva lo están de una gesta que protagonizaron gentes de la tierra.
El Descubrimiento de América y las relaciones entre Huelva y las tierras del otro lado del océano son, y han sido siempre, algo presente en la memoria colectiva de este pueblo. Pero no sólo el hecho histórico sino en lugares tangibles, monumentos, edificios, tradiciones y costumbres que han marcado la idiosincrasia y el carácter de los onubenses palpita un alma americana.
Decía Chaunu que Colón «llegó a Portugal cincuenta años demasiado tarde y a Inglaterra y Francia medio siglo demasiado pronto». A las costas de Huelva llegó en el momento oportuno.
En aquellos años de finales del siglo XV, las costas atlántico-andaluzas y sobre todo las cercanas de Portugal, eran testigos de un desarrollo técnico y científico en el arte de la navegación que posibilitaban cruzar esa inmensidad desconocida que era la mar océana. Por otro lado, una nueva Europa necesitaba ampliar las fronteras para sus mercados y demandaba nuevos productos. El viaje colombino era muy necesario.
Para que esto se llevara a cabo sólo se necesitaban las circunstancias necesarias y estas únicamente podían darse, por el azar o por caprichos del destino, en las costas onubenses. En efecto, aquí se encontraban no sólo los medios adecuados sino los hombres y los marinos expertos y experimentados en recorrer las costas afroatlánticas. También el uso de barcos modernos y muy avanzados técnicamente, como la carabela, y toda una serie de circunstancias apuntaron a que fuera el puerto de Palos de la Frontera el lugar ideal para dar forma a la aventura americana.
Entre otras muchas ‘casualidades’, se cuenta con el hecho demostrado de la existencia de una sentencia por la cual la villa palerma debía aportar dos naves con su correspondiente tripulación para una empresa descubierta y, lo más importante, el tratado de Alcaçovas-Toledo firmado entre la corona española y la corona portuguesa, que impedía a sus naves tanto el comercio como la navegación por las rutas hacia oriente. Entonces sólo quedaba occidente y quedaba también el valor, la habilidad y la experiencia de marinos como los Pinzón o los Niño artífices al fin y al cabo del éxito de esta empresa auspiciada por los Reyes de Castilla y León y que meditada por los franciscanos del convento de La Rábida, vino a sumar todo un nuevo continente a la historia de occidente.
En estas tierras colombinas quedaron los reflejos de tan apoteosis aventura. La Iglesia de San Jorge, La Fontanilla en Palos, el Convento de Santa Clara en Moguer, La Rábida, Huelva. Aquí han quedado huellas y el recuerdo del Descubrimiento de América, de los primeros viajes andaluces que también protagonizaran marineros de estas costas en los inicios del s. XVI y, sobre todo, de unas relaciones con el Nuevo Mundo que todavía no han cesado.

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