HISTORIA DE HUELVA II

LA HUELLA ARQUEOLÓGICA

De la antigüedad del poblamiento en el suroeste peninsular dan buena cuenta los hallazgos arqueológicos que se han realizado en todo el territorio onubense. Bifaces achelenses aparecidos en los yacimientos paleolíticos de La Dehesa, El Monturrio o La Antilla, vienen a confirmar la presencia humana en el territorio provincial desde la más remota prehistoria.

A fines del Neolítico, con la llamada Edad del Cobre, el fenómeno megalítico es quizás el primer esplendor de estas tierras. 00022919Es en estos tiempos, cuando el metal empieza a trabajarse, las piritas cupríferas de la Cuenca Minera onubense comienzan a explotarse y el beneficio del mineral queda presente en yacimientos como los de Cueva de la Mora , en Jabugo, al norte de la provincia, o en Papa Uvas, un poblado al borde del mar cerca de Aljaraque, en el sur.

La evolución en los trabajos del metal se constatan también‚ ya entrada la Edad del Cobre, a lo largo y ancho de la provincia. Cobre Pleno en el Cabezo de los Vientos o Cobre Final en los enterramientos en cista de Zufre no hacen sino constatar muestras de progreso en esta región meridional.

El fenómeno megalítico es especialmente significativo a lo largo de toda la provincia de Huelva – el Museo Provincial muestra gran cantidad de piezas y objetos de esa clase-. Fabulosas construcciones funerarias, los dólmenes, se reparten por la provincia de Huelva y especialmente por la franja pirítica y los campos de El Andévalo‚. Toda la cabecera del río Tinto está sembrada de estas enormes piedras recubiertas posteriormente con tierra para así salvaguardar los enterramientos de saqueadores y profanadores. Los dólmenes de la Vía en Zalamea La Real,image007 de la Canina en El Campillo, la Tumba del Moro en Berrocal, la Lancha en Nerva o la Adelfa en Zufre se enmarcan en zonas ricas en metales o muy próximas a ellas. Zonas costeras, producto de colmataciones cuaternarias y por tanto más recientes y exentas de riqueza mineral, también fueron pobladas por estas gentes del Bronce. En una visita al Dolmen de Soto, tan cerca de la zona costera, sorprende comprobar cómo piedras tan enormes y pesadas pudieron, durante estos remotos tiempos, ser trasladadas desde lugares que, por lo menos, distarían varias decenas de kilómetros, en línea recta, desde su probable lugar de procedencia. Son estos vestigios de la presencia en la península de antiguas culturas, fuentes inapreciables para el estudio de la historia y de los parajes cautivadores para los aficionados a recorrer senderos y caminos.

Una lógica evolución en el conocimiento de los metales, por contacto con los hombres de otras procedencias, hace que la aleación del cobre y el estaño nos traslade a la que se conoce como Edad del Bronce.

Más desarrollada, con materiales mejor terminados y de innovadoras concepciones técnicas, está presente en Huelva en yacimientos como los de La Vega de Pedro Benítez y Arroyo Piernaseca en Santa Bárbara en los descubrimientos de Las Mingorreras en El Cerro de Andévalo. También Nerva, Valverde del Camino o el pantano de Aracena son buenos ejemplos de la época del bronce final. Tanto estos yacimientos como los de Alájar o Cabezas Rubias preludian la cultura prerromana más importante de Europa Occidental, los Tartessos. La oscura y mítica civilización de cuyo esplendor nos hablan los clásicos y los libros sagrados de la Biblia.

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