Despropósitos

miss manolos

“Voy ha vivir el momento
Para entender el destino
Voy a escuchar en silencio
Para encontrar el camino

Y para qué llorar, pa’ qué
Si duele una pena, se olvida
Y para qué sufrír, pa’ qué
Si duele una pena, se olvida “

Vivir la vida. Marc Anthony

Se acabó la Navidad y sobreviví. Por fin acabaron las comidas familiares, turrones, polvorones, amigos invisibles, las dos copitas de más, los kilos de más, villancicos, niños en casa, y el Freixenet para brindar… Está claro que lo elegimos año tras año por razones económicas, pero os pongo de testigos que será el último. El próximo, comienzo el año con un Martini, mucho mejor, dónde va a parar!

Conclusión a la que llegué nada más dar la última campanada “NO QUIERO MÁS GRUPOS DE WATSAPP EN MI VIDA!!!!”. He leído recientemente un artículo en El Mundo, lleno de tópicos sí, pero una verdad  como un templo todos y cada uno de ellos. Hace referencia a los grupos familiares, grupos de amigos, grupos de trabajo, grupos de colegios, grupos de actividades extraescolares, de antiguos alumnos… uff. Con sólo pensarlo sudo. Se me ponían los pelos de punta cada vez que veía al gatito, pensando en qué perlas saldrían por su boca, cada vez que abría el de amigas era para  ver a un adonis semidesnudo haciéndome una proposición indecente. Del grupo de clase fue el primero del que me fui. Era un agenda conectada a 25 hogares solucionando problemas y traduciendo inglés, mientras mi angelito jugaba a la Tablet. Con los grupos de trabajo hacía que no desconectara jamás. Y una larga lista de tópicos que hizo que me decidiera a salirme de todos, no sin antes haber ofendido a más de uno.

Hablando de watsapp, tengo que reproduciros el último que me mando una amiga, que simplifica ingeniosamente a la perfección, todo lo que supone un despropósito en mi vida: “Querida amiga, acabo de recordar que mañana es jueves y por consiguiente y viendo la mierda que me rodea debo limpiar mi casa… y justo cuando la ira y la amargura empezaban a apoderarse de mi he comprendido que soy afortunada. Tengo dos hijos maravillosos que ensucian  y desordenan todo lo que tocan, debido a su energía y buena salud. Un marido monísimo que duerme junto a mi todas las noches, tras esparcir pequeños restos de barro por toda la casa, ya que afortunadamente está trabajando, y aún mejor, si limpio yo ahorro esos 35 € que antaño entregaba gustosa a la que se encargaba de mantenerme limpia la casa. Qué felicidad! Contraeré el abdomen cada vez que exprima la bayeta pensando aquellos euros que gastaría si fuera al gimnasio. No puedo pedir más. Bueno si, gozar del placer de hacerle a todos ahora mismo la cena”.

Pues aquí va, no son mis palabras, pero las siento igual. Este despropósito se ha convertido en mi propósito para este año, nada de gimnasios, de dietas, y objetivos imposibles de cumplir. Sólo quiero ser feliz, sonreir, disfrutar, sentir, intentar comprender a mis hijas, ser valiente, en resumen quiero VIVIR.

De momento le he puesto banda sonora a mi día a día. ¿Qué como lo he conseguido? Pues descargándome el Spotify en el móvil. Ahora voy acompañada del I love rumbitas durante todo el día, haga sol, frío, llueva, sea de noche, yo encantada y sonriente escuchando al Arrebato decirme que sólo está a gustito durmiendo en mi ombligo, o Pablo Alborán recitándome que sólo soy yo. Pequeños detalles que hacen grandes momentos.

En este post me voy a remitir a mi frase de cabecera, “Dale a una mujer el calzado apropiado y conquistará el mundo”. Pues aquí va, cada año renovaré mi calzado para que el desgaste no me impida cumplir mis propósitos. Cada año estrenaré zapatos nuevos, que me lleven a descubrir experiencias únicas. Estos son los de este año, y tengo la impresión que va de emociones fuertes. No agachéis nunca la cabeza, que se os caerá la corona ;)

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