Assilah…

miss manolos

 “Aicha, Aicha écoute-moi. Aicha, Aicha t’en vas pas. Aicha, Aicha, regarde-moi. Aicha, Aicha, réponds-moi…”

Aïcha, Cheb Khaled.

Assilah… (3)Hola a todas! Cómo está siendo la vuelta al cole, trabajo o rutina? Porque eso sí, todas estamos de vuelta de algo. Yo después de mi estrés prevacacional que ya os conté, ahora me encuentro en el postvacacional :(

Pero sería pecado no estar así después de haber pasado unos días de vacaciones fantásticos. Y a ello voy en este post, la vuelta a casa la dejo para otro día ;)

Y pensareis muchas de vosotras que qué es ese fragmento que os he puesto. Pues es una canción preciosa que marcó el inicio de este viaje tan especial hace meses, y que se hizo realidad el pasado mes de Agosto. Creo que me va a ser imposible explicaros esta experiencia única que ha sido mi visita a la perla del Atlántico, así la llaman.

Creo que igual de importante que el destino es la compañía que te llevas. Ellos, los amigos, harán especial cualquier lugar, pero si además el destino elegido es Marruecos, tu locura, unida a la de ellos se ve aumentada, mediante anécdotas inolvidables, aún cuando faltara parte de mi.

Todo comenzó oyendo las mil y una noches de Assilah por parte de alguien que hace años la vivió como su hogar. Nunca escuché a nadie hablar tan apasionadamente de un lugar. Lo tenía pegado a sus carnes. Allí vivió sus mejores años, que el destino quiso que allí se quedaran, pero él no, él volvió, haciendo las delicias de todo aquel que lo escuche.

Nuestra llegada a Tánger procedentes de Tarifa fue similar a la salida de una máquina del tiempo. En una hora de ferry puedes sentir que has retrocedido años. No es sólo por costumbres, sino por la cadencia en la que viven, allí la prisa mata, o eso dicen. Arquitecturas, olores, transportes, hasta el sol parece de otra época. Nuestra segunda parte del viaje consistió en negociar un taxi hasta Assilah, a 42 km de Tánger. Ahora vendrían unos 40 km de adelantamientos de los que piensas, de esta no salgo. Pero en esas carreteras de Alá todo el mundo sabe a que lado tiene que echarse cuando la cosa se pone estrecha, y casi nunca pasa nada.

Nada mas llegar a Assilah nos recibió su gran muralla portuguesa que rodea la Medina. Ruidos, más olores, bullicio, carros mezclados con coches de alta gama, Babel. Pero es cruzar la puerta Bab Al Kashbah y eres parte de sus paredes. Tus sentidos se ven atrapados por murales, paredes blancas, puertas azules y esmeraldas, arte callejero, música, tatuadoras de henna… Es verdad que su Medina no destaca por su grandeza, pero indiscutiblemente si por su belleza.

Decía Henry Miller, “nuestro destino de viaje nunca es un lugar sino una nueva forma de ver las cosas”. Y así ha sido, salvando la poca distancia que nos separa del continente vecino, nunca me he sentido mas lejos de casa.

Si viajas a Assilah en la época estival, el lugar de visita obligada es la Playa de las Cuevas, situada a unos 7 km. Puedes ir en taxi, en motocarro o en un carro tirado por un caballo. Nosotros elegimos las dos últimas opciones para los dos días que fuimos. La experiencia, inolvidable. Después de un camino plagado de baches, cantes y muchas risas llegamos a una playa de arena finísima, aguas azules y cuya inmensidad no alcanzábamos a ver con la vista.

Assilah… (2)Nos asentamos en uno de los chiringuitos, bajo un sombrajo hecho de hojas de palma y palos pintados de azul, hamacas, y todo el día por delante. El menú poco variado pero exquisito. Degustamos ensaladas, fritos variados de pescado fresco y tajines. El postre fruta y té. Todo aderezado por un sutil aroma a césped recién cortado, que formaba parte del exotismo del lugar, que nos embriagaba la mayor parte del tiempo…

Así pasábamos los días hasta el atardecer. Cuando todo se comenzaba a teñir de rojo y una gran bola de fuego penetraba en el mar. Es de los atardeceres mas maravillosos que jamás haya visto.

La vuelta a casa solía acabar paseando por algún mercado de frutas y verduras. Para ello salíamos de la medina y nos adentrábamos en la ciudad nueva. Allí te puedes encontrar cualquier cosa, no importa el tamaño que tenga, te sorprenderá o te causará trauma a partes iguales.

Todas estas vivencias tenían como banda sonora la llamada al rezo. No hubiese imaginado que alguien como yo pudiera emocionarse al escucharla, cinco veces al día, incluso la encontré erótica, claro que no sabía lo que decían. Esto fue lo último que escuché en el taxi que nos llevaba de vuelta a Tánger. Inexplicable la tristeza que me invadió la despedida, en ese momento sentí como si acabara de abandonar el reino de Narnia y saliese del armario de golpe. A aquellos que me acompañaron les diría que volver siempre es una opción, aún corriendo el riesgo de terminar con el encanto de la primera vez, pero creo que correré el riesgo. Shokran.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Deja un comentario, Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.